Nunca entraste a mi blogg, no sé por qué, pero espero que algún día lo hagas y sepas...
Que lo que tú tienes, es hermoso para mí, también lo que sea que tal vez para el mundo podría llegar a parecer imperfecto y que en realidad No lo es. Yo lo sé, todo en ti es maravilla porque es tuyo, porque está en tu persona, porque eres tú y todo tú me gustas, no hay otro que lleve tu voz, ni tu cuerpo, ni tu alma.
Y me encantas en cada parte.
Nunca me había sentido así por nadie, ni me gustó nadie más, te preferí a ti por todo; por lo que veía y lo que no.
Aunque ya no estés. Aunque lo haya dicho mal. Te veo, te recuerdo y es verdad.
Todo lo que hice por ti y contigo fue cierto, desde el primer día en que hablamos y el segundo en que supongo intuí la sensación de tu barba en mis caricias.
Voy a dejar esto atrás porque te amo y más me vale no volver a querer arreglarlo yo, me volvía tan torpe al hablar contigo por lo mismo por lo que me pongo torpe cuando te veo. Ahora que no estoy así porque no estás cerca, puedo decir que en realidad las dudas contigo estaban fuera de mi vida y que nada me hacía tan feliz (eso ya está siendo arreglado), que lo más horrible que podía llegar a pasarme era lastimarte o estar lejos de ti.
Tal vez lo nuestro no vuelva a ser, tal vez sí y mejorado, Dios sabe y Dios sabe mejor, también sabe por qué no debía ser en este momento. Sólo escúchalo y cree aunque lo que diga suene difícil.
Ahora descanso.
Porque confío, por fin puedo acordarme de nosotros y volver a sonreír.
Letras de Vainilla
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Lo que [no] te dije. (Esto es cursi pero lo siento y lo tengo que escribir)
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Ana Lucía M.M.
| lunes, 5 de abril de 2010
Es diferente a tener una historia triste y alegre
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Ana Lucía M.M.
| jueves, 1 de abril de 2010
Si decidiera quedarme acostada en mi cama, pensando en lo bueno que sería... no sé, cualquier cosa, como volver a vivir de la mano del pasado continuo, repetir cada sonrisa en cada café, imaginarlo afuera de mi puerta, pasándose las manos por el cabello que después yo tocaría... podría perder el ritmo y volverlo una linea de ausencia sin esperanza. Por eso me levanto cantándole a alguien que sí me escucha.
Quien es tragicómico en ocasiones pasa por días difíciles, tengo llamado, tengo destino positivo -gracias Dios-. También tengo obstáculos.
Obstáculos, como la mañana en que pensé en el pasado y quise llorar -a veces lloro, a veces quiero y otra vez no puedo- hay obstáculos, como la noche en que fui al cine y pensé que el pasado era mejor y que podría haber ido conmigo, o cuando me sentí sola a pesar de que no lo estaba, el pasado ha hecho llorar a mi mente más de una vez. Hay también obstáculos no-románticos que quieren habitar mi pensamiento, pero también hay Escudo y espadas que les impiden anidar.
Hay destino. Cada vez que amo al que ya no está conmigo, cada vez que decido pensar diferente y perder el dolor, en lugar de lloriquear, doy un paso hacia mi destino, a veces no tengo fuerza y lloro -o pienso azotadamente- entonces mi destino me abraza, me escucha, y pone los pensamientos tranquilos que yo sola no pude tener.
Entiendo, mi destino está vivo y es la razón de mi voz, mi destino es la Verdad, mi destino es la Vida, y ni siquera puedo hacer esto yo sola, pero confío en que lo tengo escrito en mí, me da fuerza, me quita el temor, por eso decido caminar sobre él como si pudiera verlo.
Mientras más conozco a mi Destino, más esquivamos juntos cualquier obstáculo. Sí, soy la novia del Héroe, su princesa, pero estoy afuera del castillo, peleando junto a Él.
Y ya ganamos.
Quien es tragicómico en ocasiones pasa por días difíciles, tengo llamado, tengo destino positivo -gracias Dios-. También tengo obstáculos.
Obstáculos, como la mañana en que pensé en el pasado y quise llorar -a veces lloro, a veces quiero y otra vez no puedo- hay obstáculos, como la noche en que fui al cine y pensé que el pasado era mejor y que podría haber ido conmigo, o cuando me sentí sola a pesar de que no lo estaba, el pasado ha hecho llorar a mi mente más de una vez. Hay también obstáculos no-románticos que quieren habitar mi pensamiento, pero también hay Escudo y espadas que les impiden anidar.
Hay destino. Cada vez que amo al que ya no está conmigo, cada vez que decido pensar diferente y perder el dolor, en lugar de lloriquear, doy un paso hacia mi destino, a veces no tengo fuerza y lloro -o pienso azotadamente- entonces mi destino me abraza, me escucha, y pone los pensamientos tranquilos que yo sola no pude tener.
Entiendo, mi destino está vivo y es la razón de mi voz, mi destino es la Verdad, mi destino es la Vida, y ni siquera puedo hacer esto yo sola, pero confío en que lo tengo escrito en mí, me da fuerza, me quita el temor, por eso decido caminar sobre él como si pudiera verlo.
Mientras más conozco a mi Destino, más esquivamos juntos cualquier obstáculo. Sí, soy la novia del Héroe, su princesa, pero estoy afuera del castillo, peleando junto a Él.
Y ya ganamos.
Cinnamon´s gone baby, Cinnamon´s gone
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Ana Lucía M.M.
| miércoles, 31 de marzo de 2010
Qué ganas poderosas me dieron...
De dejar de decir demás decisiones, destinos, desarrollo, delirio demandante, de dejar de desear dedos describiendo deseos, demás desastres detonados desde dentro deste desmentido, delgado despertar.
...dije, me podría gastar Querer.
No escribí en todo este tiempo-antes-de-lloriquear, porque sólo había tiempo para saberme dichosa en los brazos de Canela, quien está ahora muy gone.
(Adiós Canela. NO me permito este breve momento, No patrocinado por kleenex, para decir lo que por torpeza No me permití decirte, ni cercanamente articular, al final. De todos modos no lo leerías.)
Sí, Lector, tuve Canela segura en mi corazón, pero claro "todos tienen a alguien gone", algunos otros, gore. Seguro no lo lamentas, ahora bien, calla. Y si quieres, disfruta conmigo del presente.
De dejar de decir demás decisiones, destinos, desarrollo, delirio demandante, de dejar de desear dedos describiendo deseos, demás desastres detonados desde dentro deste desmentido, delgado despertar.
...dije, me podría gastar Querer.
No escribí en todo este tiempo-antes-de-lloriquear, porque sólo había tiempo para saberme dichosa en los brazos de Canela, quien está ahora muy gone.
(Adiós Canela. NO me permito este breve momento, No patrocinado por kleenex, para decir lo que por torpeza No me permití decirte, ni cercanamente articular, al final. De todos modos no lo leerías.)
Sí, Lector, tuve Canela segura en mi corazón, pero claro "todos tienen a alguien gone", algunos otros, gore. Seguro no lo lamentas, ahora bien, calla. Y si quieres, disfruta conmigo del presente.
Frutillas en la noche
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Ana Lucía M.M.
| miércoles, 10 de febrero de 2010
Dormirse a las cuatro es pasar por varias etapas, en la primera debes resistir a todo aquél que te quiera molestar, ya sea directa o indirectamente. Te distrae tu progenitora, tu tía, el teléfono y quien quiera que te rodee, por eso existen las puertas y deben permanecer cerradas en tanto que el estudiante se encuentre iniciando su viaje al interior del insomnio; no contestar el teléfono, a menos de que sea alguien deseado quien te llama, y sí lo hay (sonrío), pero en ese caso el suplicio noctámbulo se te aparece como musa con frutillas en canasta...
Despúes los menos raros de la casa se van a dormir, y crees que ya eres libre de todo distractor, pero esa es la segunda hora, tomar en cuenta que las horas de la noche NO se miden en sesenta minutos, es la hora más larga y difícil, si se halla en ella la victoria, se llega a ser dueño y señor del dolor matutino de abandonar la almohada, pero mientras tanto, el sonido del sonámbulo o del supuesto desvelado, te estremece; cabeceas sobre Zama, de Antonio di Benedetto, o babeas sobre la novela que estés leyendo, no cabe en tu mente la idea de tener que hacer todavía un cuento, arreglar un poema y esccribir monólogo y retrato; este momento más doloroso, es ciertamente solitario, porque la musa frutilla se ha ido a la cama (y ni en tu casa, más bien en la suya, muy lejos), y sabes que el frío ya no te mantiene despierto, entonces duermes cinco minutos que pueden ser mortales, que pueden reirse de ti cuando despiertes a las seis de la mañana, o los superas para despertar creyendo haber dormido quince y no cinco, con la victoria en tus mejillas.
Ya estás dentro de las profundidades del dolor, conoces tu paradigma y lo aprovechas para el mal, seguir privando a tu cuerpo del sueño; comienzas las próximas tareas con los vagos recuerdos del aroma a frutillas (o en mi caso no de frutillas, sino de canela, tomillo y clavo), su ausencia te incita a escribir un ensueño que después, en la mañana, será corregido con pluma sobre el texto impreso, pero la noche es tibia aún a los ocho grados porque ya no sientes nada, solo persiste el impulso mental de seguir escribiendo, tu cuerpo enjuto sobre la silla, vampiro al sol, y tus manos teclean, tecleando, teclean el transitar imáginativo; ya no hay falsos nocturnos, has superado a todos y eres el mago de tu noche, ya mañana se podrá discutir el tema con dolor durante el desayuno, pero tus ojeras te llamarán triunfante, aunque todavía te falta terminar alguna tarea. Pero escribes en el blog para inspirarte, notas que el tiempo se marchita como una flor arrancada y puesta sobre el pavimento.
Lo mejor es la hora del sueño, te acuesas pensando que dormirás más de dos horas, a salvo del frío por algo más pesado que tu adormecimiento. Escondes la cara bajo la cobija. Cierras los ojos. Los abres. Ya es de mañana.
Despúes los menos raros de la casa se van a dormir, y crees que ya eres libre de todo distractor, pero esa es la segunda hora, tomar en cuenta que las horas de la noche NO se miden en sesenta minutos, es la hora más larga y difícil, si se halla en ella la victoria, se llega a ser dueño y señor del dolor matutino de abandonar la almohada, pero mientras tanto, el sonido del sonámbulo o del supuesto desvelado, te estremece; cabeceas sobre Zama, de Antonio di Benedetto, o babeas sobre la novela que estés leyendo, no cabe en tu mente la idea de tener que hacer todavía un cuento, arreglar un poema y esccribir monólogo y retrato; este momento más doloroso, es ciertamente solitario, porque la musa frutilla se ha ido a la cama (y ni en tu casa, más bien en la suya, muy lejos), y sabes que el frío ya no te mantiene despierto, entonces duermes cinco minutos que pueden ser mortales, que pueden reirse de ti cuando despiertes a las seis de la mañana, o los superas para despertar creyendo haber dormido quince y no cinco, con la victoria en tus mejillas.
Ya estás dentro de las profundidades del dolor, conoces tu paradigma y lo aprovechas para el mal, seguir privando a tu cuerpo del sueño; comienzas las próximas tareas con los vagos recuerdos del aroma a frutillas (o en mi caso no de frutillas, sino de canela, tomillo y clavo), su ausencia te incita a escribir un ensueño que después, en la mañana, será corregido con pluma sobre el texto impreso, pero la noche es tibia aún a los ocho grados porque ya no sientes nada, solo persiste el impulso mental de seguir escribiendo, tu cuerpo enjuto sobre la silla, vampiro al sol, y tus manos teclean, tecleando, teclean el transitar imáginativo; ya no hay falsos nocturnos, has superado a todos y eres el mago de tu noche, ya mañana se podrá discutir el tema con dolor durante el desayuno, pero tus ojeras te llamarán triunfante, aunque todavía te falta terminar alguna tarea. Pero escribes en el blog para inspirarte, notas que el tiempo se marchita como una flor arrancada y puesta sobre el pavimento.
Lo mejor es la hora del sueño, te acuesas pensando que dormirás más de dos horas, a salvo del frío por algo más pesado que tu adormecimiento. Escondes la cara bajo la cobija. Cierras los ojos. Los abres. Ya es de mañana.
Ropa...
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Ana Lucía M.M.
| viernes, 5 de febrero de 2010
Mi cuarto está regado, y no precisamente por la lluvia que ya inundó la ciudad, sino por la ropa sucia que no lavé por estar sacando más ropa (limpia) que durante horas, traté de combinar. Y para qué el alboroto si siempre termino poniendome lo más cómodo y tennis, hoy me puse los rojos por cierto.
Ahora tengo que lavar trastes y me quedan quince minutos antes de que llegue el susodicho, aquel por el cual me tardé tanto en la contemplación de mi ropa. Y para qué perder el tiempo así, si use lo que use, él me va a mirar igual que si yo trajera la ropa más costosa y zapatitos altos.
Después de lavar los trastes, cuando él llegue, voy a ver cómo se contraen sus pupilas con el sol, y a sentir cómo se acerca a mi cabello. Hoy no está lloviendo y mi cuarto va a seguir regado, pero yo estaré ya muy lejos, con él, tomada de su mano.
Ahora tengo que lavar trastes y me quedan quince minutos antes de que llegue el susodicho, aquel por el cual me tardé tanto en la contemplación de mi ropa. Y para qué perder el tiempo así, si use lo que use, él me va a mirar igual que si yo trajera la ropa más costosa y zapatitos altos.
Después de lavar los trastes, cuando él llegue, voy a ver cómo se contraen sus pupilas con el sol, y a sentir cómo se acerca a mi cabello. Hoy no está lloviendo y mi cuarto va a seguir regado, pero yo estaré ya muy lejos, con él, tomada de su mano.
Una película de las madres
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Ana Lucía M.M.
| martes, 2 de febrero de 2010
Antes no significaban para mí nada, ni los girasoles, ni las chocoretas, un evento los ha redimensionado, y no puedo dejar de pensar en eso mientras trato de buscar cada etapa en El gato de Juan García Ponce. En lugar de hacerlo prefiero bañarme, y prefiero escribir de esa película con una mujer rubia a la que todo le sale mal.
Qué error atribuírle el desorden de su vida a ser madre, por cierto, aquel personaje siempre tenía tiempo para escribir algo en su blog, hasta que uno de sus hijos la apuraban para dejar de hacerlo y ella ni dudaba en publicar la entrada y cerrar su compu. Dos horas viendo tal desastre, me hicieron pensar si realmente sufren tanto las mujeres por tener hijos, o si realmente alguna clasemediera normal podrá tener todo listo y jugar con ellos en la tarde.
Cuando yo trabajaba en el kinder, a la hora de la salida, deseaba ser una de esas mujeres organizadas y perfectas que sólo recogían a su niño y lo llevaban a casa. Había una pareja joven que vendía gelatinas, él era rubio y ella morena, su hija era hermosa y en ellos se veía cuánto disfrutaban estar así, juntos, y yo siempre desde la puerta los miraba alejarse, se alejaban caminando.
Antes de trabajar en el kinder deseaba nunca tener hijos, pero salí de ahí queriendo ser madre, no por lo que ví, porque ví que no es fácil, pero sé que hay algo más profundo que ser organizada y sonreír con tu hijo perfecto en el auto.
Sé que aún falta mucho y que no es fácil, pero NO me asustan los testimonios ingratos de tantas mujeres, ni me animan las películas, sólo sé de dónde vienen mis fuerzas y que aquí se han roto todas las cadenas de generaciones pasadas, a partir de mí hay algo nuevo, yo quiero verlo y vivirlo cuando llegue el momento.
Hoy ni casada estoy, pero sí me divierte pensar en cómo se llamarán mis hijos. Mientras tanto hago mi tarea, y lo único que me apura a dejar de teclear a esta hora, es el calentador en la cocina, que va a explotar si no lo apago.
Qué error atribuírle el desorden de su vida a ser madre, por cierto, aquel personaje siempre tenía tiempo para escribir algo en su blog, hasta que uno de sus hijos la apuraban para dejar de hacerlo y ella ni dudaba en publicar la entrada y cerrar su compu. Dos horas viendo tal desastre, me hicieron pensar si realmente sufren tanto las mujeres por tener hijos, o si realmente alguna clasemediera normal podrá tener todo listo y jugar con ellos en la tarde.
Cuando yo trabajaba en el kinder, a la hora de la salida, deseaba ser una de esas mujeres organizadas y perfectas que sólo recogían a su niño y lo llevaban a casa. Había una pareja joven que vendía gelatinas, él era rubio y ella morena, su hija era hermosa y en ellos se veía cuánto disfrutaban estar así, juntos, y yo siempre desde la puerta los miraba alejarse, se alejaban caminando.
Antes de trabajar en el kinder deseaba nunca tener hijos, pero salí de ahí queriendo ser madre, no por lo que ví, porque ví que no es fácil, pero sé que hay algo más profundo que ser organizada y sonreír con tu hijo perfecto en el auto.
Sé que aún falta mucho y que no es fácil, pero NO me asustan los testimonios ingratos de tantas mujeres, ni me animan las películas, sólo sé de dónde vienen mis fuerzas y que aquí se han roto todas las cadenas de generaciones pasadas, a partir de mí hay algo nuevo, yo quiero verlo y vivirlo cuando llegue el momento.
Hoy ni casada estoy, pero sí me divierte pensar en cómo se llamarán mis hijos. Mientras tanto hago mi tarea, y lo único que me apura a dejar de teclear a esta hora, es el calentador en la cocina, que va a explotar si no lo apago.